21 jun. 2026 | Actualizado 00:53
Cultura

Ni un paso atrás

Siempre he vivido la semana del Orgullo como algo especial

Noticia 1

Javier Tendero

| 20 jun. 2026 - 21:55

A veces uno camina sin ser del todo consciente de los caminos que lo han traído hasta aquí. Ni de las personas que aparecieron en el momento justo. Ni de las pequeñas decisiones que terminaron conformando quien soy.

Este año, ALTIHAY Fuerteventura me ha concedido el honor de ser comisario de la XXIV Muestra de Cine LGTBIQ+ de Fuerteventura. Y al decirlo en voz alta, no puedo evitar girarme y mirar hacia atrás. Porque este Orgullo no es solo una fiesta: es también un ejercicio de memoria y, sobre todo, de gratitud.

Siempre he vivido la semana del Orgullo como algo especial. Celebramos la libertad de sentir y de amar, sí. Pero también recordamos, damos las gracias a quienes, cuando todo era más oscuro e incierto, estuvieron ahí. Cuando encajar parecía imposible.

Nunca encajé del todo. Era el adolescente de gustos raros y obsesiones intensas, moviéndome siempre por los márgenes. ¿Mis amigos? Todos muertos, que diría Morrissey. Y sin embargo, fue precisamente en esos márgenes donde encontré mi sitio. Primero en la escena hardcore y punk del lugar donde crecí, junto a mis amigas, amigos y amigues: maricones, bolleras y todo lo que a cada cual le naciera ser. Sin etiquetas asfixiantes. Con algo mucho más valioso: la libertad de poder ser uno mismo.

Si la sociedad nos dejaba fuera, nos juntábamos. Y al juntarnos, nos hacíamos fuertes. Fuimos libres en casas okupadas, en pisos destartalados que olían a café licor y esperanza, en bares como El Forat de Toni o el Caníbal. Lugares donde entender que salirse de la norma no era un problema. Era, muchas veces, el comienzo de algo hermoso.

Soy del 77. Mi generación creció bajo la sombra del VIH, con el miedo metido en el cuerpo, los silencios y los señalamientos. Nací en El Pla Metal de Alicante y en el barrio vimos caer a gente demasiado joven. Aprendimos, de la manera más dura, que la libertad, también la sexual, puede cobrarse un precio alto. Demasiado alto. Y aún así, elegimos ser libres.

Por eso llevo más de treinta años acudiendo al Orgullo. Volviendo cada junio a ese espacio donde se recuerda de dónde venimos y por qué vale la pena seguir peleando. En gran medida soy quien soy gracias al colectivo. Gracias a esa forma de cuidar cuando hace falta. A esa hermandad que surge en los momentos difíciles.

Las cosas han cambiado, y han cambiado a mejor. Hoy tenemos más derechos, más visibilidad y más vida posible. Nada de esto cayó del cielo. Es el fruto del coraje de miles de personas. De activistas como Pedro Zerolo y como Kike Poveda, a quien este año homenajeamos en la Muestra.

Pero no nos engañemos. Vivimos tiempos convulsos. Hay quien quiere dar marcha atrás. Quien sueña con devolvernos al silencio, a los márgenes, a las vidas vividas en voz baja. Lo vimos ayer en Córdoba: los abucheos, los saludos fascistas brazo en alto, ese ruido que creíamos superado.

Por eso, precisamente ahora, toca salir. Salir a la calle no solo para celebrar, sino para recordar. Para decir, con alegría y con firmeza, que seguimos aquí. Que no vamos a renunciar a lo que tanto ha costado construir.

El Orgullo es eso: una forma colectiva de sostener la libertad. Esta semana salgamos. Con orgullo, con memoria y con conciencia. Que el 28 de junio se nos vea y se nos oiga fuerte. Ni un paso atrás.