Mañana se proyecta Ellas en la ciudad en el Centro de Cultura Audiovisual de Gran Canaria. Y vale la pena pararse a pensar en lo que significa: una película que no es producto del ruido, sino que surge de una necesidad. En un contexto audiovisual en el que se alzan los relatos cerrados y las miradas siempre predecibles, estos trabajos abren otra puerta, más cercana a la realidad cotidiana y menos dependiente del escaparate.
El documental, realizado por Reyes Gallegos, habla de varias mujeres de los barrios periféricos de Sevilla construidos en los años setenta. No hay nostalgia, no hay épica impostada. Lo que hay es una reconstrucción exacta de la vida cotidiana, caminar kilómetros para hacer la compra, apañártelas como puedas, sostener a la familia y, al mismo tiempo, crear redes de apoyo y resistencia en el barrio, eso que rara vez aparece en los relatos oficiales de la ciudad.
Al acercarme a estas historias, irrumpe otra memoria más íntima, la de mi propia infancia rodeado de mujeres que daban forma a la vida sin necesidad de enunciarlo. Encontraba en ellas una manera de estar que combinaba intuición práctica y resistencia silenciosa, organizando lo disponible, cuidando de todo lo que había que cuidar y abriendo huecos en un mundo que no las tenía en cuenta. En algunas dinámicas que podían parecer menores, como tejer complicidades o cuidar de lo común, se hilvanaba una forma de saber discreta, persistente, que raramente tenía cabida en el relato dominante.
El cine suele mirar la ciudad desde arriba: planos generales, grandes avenidas, arquitectura imponente. En esta película pasa justo lo contrario: la ciudad se construye desde abajo, desde la experiencia de quienes la habitan sin haberla decidido. Y en ese cambio de mirada se encuentra, también, una de las claves del documental: comprender el urbanismo como forma de organización, de vida, no como simple diseño.
No es un modo de proceder aislado. Cineastas como Agnès Varda o Chantal Akerman ya habían señalado la importancia de lo cotidiano, de los espacios domésticos, de los tiempos invisibles. Más cerca, directoras como Carla Simón han insistido en esa misma idea, que lo íntimo y lo cercano no son menores, sino fundamentales para entender cualquier estructura social más amplia.
Ellas en la ciudad se sitúa en la estela de todo eso, pero a la vez añade una dimensión específica, la del urbanismo hecho con perspectiva de género. La cuestión que atraviesa la película "¿cómo serían las ciudades si ellas las hubieran creado?" no está hecha en modo de pregunta retórica, sino que apunta a un problema que sigue vigente, el de barrios pensados sin transporte, sin servicios, sin tener en cuenta los cuidados, diseñados a raíz de una experiencia parcial que, sin embargo, se presentó como universal.
La película no teoriza sobre lo que nos muestra. Propone que las propias mujeres construyan la narración. Y (en ese gesto) hay un acierto: evitar la sobreinterpretación y confiar en la fuerza de los testimonios. Lo que aparece entonces no es solo memoria, sino también una forma de conocimiento. Una manera distinta de entender qué es una ciudad y quién la hace posible.
Ahora que todo el mundo habla de ciudades sostenibles, de proximidad y de comunidad, este documental introduce una puntualización necesaria. Muchas de esas ideas no son nuevas, ya estaban ahí, en prácticas vecinales que durante décadas fueron ignoradas. Recuperarlas no es un gesto simbólico, es una forma de poner en cuestión el presente.
Y es que, pensándolo bien, el centro nunca estuvo donde nos contaron.