14 jul. 2026 | Actualizado 11:56
Canarias

La tregua imposible

El mundo, mientras tanto, sigue con su propio pulso, indiferente a lo que uno esté intentando ordenar por dentro

Noticia 1

Javier Tendero

Canarias | 09 may. 2026 - 12:47

Sábado por la mañana. Mi mujer ha viajado a Las Palmas, los niños han instaurado su propio orden de las cosas y he preparado tostadas por encima de mis posibilidades para el desayuno. Se las han comido todas. Cada día comen más estos chicos, algo que se nota en la cesta de la compra.

La semana ha sido de esas que se atraviesan. Virus estomacales, dolor de muelas, noches que a uno se le hacen demasiado cortas, poco margen para nada. Esa sensación constante de ir siempre un poco tarde. Y, en medio de ese ruido doméstico, la noticia que te trastoca a primera hora del martes sin pedir permiso: un amigo que muere. Setenta años. Una vida intensa, sin duda, bien vivida, dejando una enorme huella personal y profesional, pero setenta en estos tiempos suena a demasiado pronto.

Lo que vuelve una y otra vez no es tanto la muerte como lo que deja suspendido. Es verdad que hacía tiempo que habíamos dejado de frecuentarnos, que muchas veces pensamos que ya habrá tiempo (y no lo hubo), pero esa conversación largamente pospuesta ya no será posible.

El mundo, mientras tanto, sigue con su propio pulso, indiferente a lo que uno esté intentando ordenar por dentro. Aparece el hantavirus en titulares y la polémica alrededor de todo el asunto activa la desconfianza. Y en lo que se decide si el barco llega o no a puerto, la sensatez salta por la ventana, como si fuera lo primero que escasea cuando las cosas se ponen feas. Que aquello que vivimos con el covid sigue presente, claro. No salimos mejores de aquello, no.

Tampoco sabemos hasta cuándo durarán las reservas de combustible, señor Trump. Lo digo casi en voz baja, acostumbrado a vivir en una especie de provisionalidad permanente. Por cierto, ¿se acuerdan de Gaza?

Y es que ante una realidad que no da tregua, el ejercicio de pararse a recordar o al menos intentarlo se nos hace imprescindible para mantener algo de cordura. Muchas veces recordar parte de un gesto de generosidad, como el del actor y director Eduardo Casanova, que hace un par de semanas estrenaba "Sidosa", un documental sobre su experiencia con el VIH. Porque hay que recordar que sigue estando ahí y que el estigma siempre encuentra grietas por donde volver. Recordar lo propio, lo necesario, recordar a los que nadie recuerda.

Todo se mezcla un poco en días así y, en el fondo, me queda la sensación de que la vida se está moviendo demasiado deprisa últimamente. Así ha empezado mayo. Con prisa, con confusión, con una fragilidad que no siempre se nombra. Y con esa certeza incómoda, casi íntima, de que hay cosas que no deberían seguir esperando demasiado.