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Canarias

La memoria que escribimos juntos

Esta semana se celebra el Día del Libro, el 23 de abril, y conviene recordar algo que a veces damos por sentado

Noticia 1

Javier Tendero

| 21 abr. 2026 - 15:35

Esta semana se celebra el Día del Libro, el 23 de abril, y conviene recordar algo que a veces damos por sentado: que leer y escribir no siempre fue un gesto libre, ni cómodo, ni garantizado. Hace apenas cincuenta años, en este mismo país, la palabra podía costar la cárcel, el exilio o algo peor, ese silencio definitivo que no aparece en los manuales.

A principios del año pasado me atreví a publicar mi primer poemario (autor novel a mis 48 años nada menos), donde la memoria ocupa un lugar central, entendida como una forma de ordenar lo vivido y lo heredado.

Este jueves, aprovechando celebraciones varias, conversaré con Domingo Fuentes Curbelo en un acto sobre memoria literaria y política, sobre lo que significa escribir después del miedo, después del silencio, después de tantos años sin libertad.

Porque esa libertad de escribir lo que a uno le nace, sin amenaza, sin censura, sin sombra, no es un detalle menor. Es una conquista histórica. Y como toda conquista, corre el riesgo de volverse invisible cuando ya parece asegurada. En eso estamos, en que vienen a eso y en que intentaremos que esta vez no pasen. Pero volvamos, volvamos a lo nuestro.

Los libros, en ese sentido, no son solo objetos culturales.. Para mí, "El maravilloso mago de Oz" o "Las aventuras de Huckleberry Finn" fueron formas de acceso a otras vidas posibles. En ese aprendizaje temprano hubo algo decisivo. Comprendí que la literatura, si uno cierra los ojos y lo desea muy fuerte, puede convertirse en un espacio de libertad radical.

Quizá por eso resulta tan importante lo que hace mi amigo Álvaro Núñez Sagredo, viajando de isla en isla con su Casa Museo, su Violeta Volcán o sus Rebeldes de Camden Town: acercar los libros a niños y adolescentes es recordarles que la imaginación también es un lugar habitable, algo imprescindible en un mundo tan feo como el que nos ha tocado vivir.

Y luego está lo que ocurre cuando la literatura deja de ser un acto individual y se convierte en algo colectivo. Lo sabe bien Fuensanta De la Cruz, que en estos años ha tejido en Fuerteventura un espacio donde la escritura se comparte, se discute y se sostiene entre mujeres. Un sisterhood poético que escapa de las etiquetas haciendo de la palabra una labor común, de cuidado y también de afirmación.

Me vienen a la cabeza otros nombres, otras presencias: Figu, Violeta, Carlos, Salvadora, tantas y tantos otros. Gente que vive, que escribe, que lee, que acompaña. Que demuestra que lo literario también pertenece a los lugares donde la distancia obliga a inventar comunidad. Nuestros libros, nuestra gente, nuestra libertad.

Quizá de eso, en definitiva, va este Día del Libro: de recordar que la literatura es un diálogo sin interrupción entre la palabra, la memoria y la libertad. De esta primavera en una Fuerteventura que celebra a sus autoras y autores, que existe aquí y ahora, de norte a sur, creciendo palabra a palabra.