19 oct. 2026 | Actualizado 09:58
Canarias

La desconexión

Me escama mucho la gente que vuelve de las vacaciones convertida en Buda

Noticia 1

Mar Arias Couce

| 19 oct. 2026 - 08:47

Me escama mucho la gente que vuelve de las vacaciones convertida en Buda, asegurando que han desconectado totalmente y son otras personas. Mejores, supongo. Llegan perfectamente maquilladas, vestidas y peinadas con ese estilo hipi-pijo aparentemente desaliñado. “Este ha sido un verano increíble, me he renovado del todo. Todo muy zen”.

Te lo dicen y tú te quedas pensando en tus propias vacaciones, que las has pasado con tus manías, tu genio, tus cambios de humor repentinos y todas tus cositas que se han ido contigo de viaje. No te han dejado ni un día.

No lo puedes evitar. Piensas… ¿de verdad esta gente ha desconectado tanto? Pero si has visto fotos de sus pies en la arena con la frasecita: “Aquí sufriendo”. ¿Has desconectado pegada al móvil? Y sigues rumiando, pero… si has desconectado tanto, ¿qué más te da lo que la gente opine de tus pies y de tu sufrimiento, si estás tomando mojitos y dándote baños en una playa caribeña?

A ver, que yo me lo he pasado muy bien y he disfrutado mucho, pero a la vuelta era la misma. No me he renovado en absoluto. De hecho, a los cinco minutos de volver al trabajo era como si jamás me hubiera marchado.

Será que mis chakras no se alinean bien porque no los dejo, o que no soy demasiado zen, pero el “recoge tu ropa”, “haz la cama, que aquí estamos todos de vacaciones”, “¿pero qué precios son estos por un café?” y el resto de la retahíla han estado presentes en mi tiempo de descanso.

También han estado mis pequeñas obsesiones. Mis enfados. Mis manías. Mis preocupaciones. Incluso esa capacidad tan mía de darle vueltas durante tres días a una conversación de cinco minutos. Todo ha viajado conmigo, debidamente facturado y sin pagar suplemento.

Así es la cosa, yo puedo estar viendo una puesta de sol espectacular y acordarme de que mañana hay que comprar detergente. Y no pasa nada.

A veces me da la impresión de que hemos convertido también las vacaciones en otra obligación. Hay que descansar, desconectar, volver renovados, tener experiencias, comer bien, dormir ocho horas, leer tres libros, hacer yoga, caminar descalzos por la playa y, si es posible, regresar siendo una versión mejorada de nosotros mismos.

Pues yo no. Yo he viajado, he caminado hasta agotarme, he comido bien, me he peleado con mis hijos, hemos hecho las paces, he discutido con mi marido por las direcciones y rutas a seguir, me he comprado recuerdos que no quiero para nada y he vuelto a casa, con todo un bagaje nuevo, pero siendo la misma. Eso sí, con ganas de planificar el próximo viaje, que renovar, no me renovará, pero que seguro disfruto muchísimo.