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Canarias

Con su permiso

Hay lugares a los que uno llega. Y hay lugares que, discretamente, acaban llegando a uno.

Noticia 1

Javier Tendero

| 30 may. 2026 - 11:52

Hay lugares a los que uno llega. Y hay lugares que, discretamente, acaban llegando a uno. Hoy es el Día de Canarias y llevo un rato pensando en eso. En cómo ocurre. En qué momento preciso un sitio deja de ser simplemente donde estás para convertirse en el lugar desde el que miras el mundo.

Llegué a Fuerteventura hace casi una década. Venía con la mirada y las costumbres de allí. Durante mucho tiempo creí que uno siempre conserva intacto el lugar del que procede, como si la identidad fuera una foto fija guardada en la cartera. Pero la vida, afortunadamente, no funciona así.

Entre medias me casé con una majorera. Tenemos dos hijos majoreros. Aprendí que las familias también son una forma de geografía. Y cuando quise darme cuenta, algo dentro de mí había cambiado.

Ahora hablo con el "ustedes". Se me escapa un "chacho" cada dos por tres. Mis sentidos gustativos se acostumbraron hace tiempo a sabores que antes me parecían ajenos y que hoy son los que me saben a casa. Las conversaciones, los silencios, la forma de relacionarme con el tiempo, incluso la manera de entender ciertas cosas importantes, se fueron acomodando dentro de mí con la misma paciencia con la que el mar pule las rocas. Creo que también hay algo de eso en el haberme hecho cada vez más tolerante, más abierto, más solidario. Ya saben, el modo canario de estar, de ser. Y no ocurrió de golpe, ninguna transformación importante ocurre de golpe.


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Simplemente un día descubrí que cuando hablaba de “aquí” ya no estaba hablando de un lugar prestado. Hablaba de mi lugar. Porque uno llega pensando que va a vivir en una tierra y acaba descubriendo que es la tierra la que termina viviendo en uno. Siempre, por supuesto, con permiso de quienes estaban antes.

Si me permiten la osadía, creo que se empieza a ser canario cuando se aprende a amar esta tierra. Cuando se alegra de sus alegrías y se preocupa por sus problemas. Cuando siente orgullo por lo que aquí se crea. Cuando ya no contempla las islas como un paisaje, sino como una responsabilidad compartida.

Pienso hoy en toda esa cultura que ha hecho de Canarias algo mucho más grande que una postal. En Manolo Millares convirtiendo las heridas en arte. En Agustín Millares Sall escribiendo versos que todavía respiran libertad. En Martín Chirino haciendo que el hierro pareciera moverse como el viento. En César Manrique demostrando que el progreso no tiene por qué estar reñido con la belleza. En Félix Francisco Casanova, que escribió como si hubiera vivido cien años cuando apenas tuvo tiempo de vivir veinte.

Pienso en ellos porque los pueblos también son sus creadores, su memoria y su imaginación.

Y quizá por eso mi primera Canarias no fue siquiera una Canarias real. La primera vez que imaginé estas islas fue en mis veintipocos años, en plena obsesión con el surrealismo. Leía todo lo que caía en mis manos sobre André Breton: sus manifiestos, sus viajes, sus entusiasmos. Y fue allí donde apareció Canarias.

Breton llegó a Tenerife en 1935 para la Exposición Surrealista. Lo que encontró aquí le fascinó. Habló de las islas como una frontera entre lo visible y lo soñado. Los paisajes volcánicos, la luz, esa sensación de estar en un territorio que parecía surgir de la imaginación antes que de la geografía.

Aquel joven que leía a Breton jamás habría imaginado que tiempo después acabaría viviendo aquí, formando una familia y sintiendo como propias cosas que entonces le parecían ajenas. La vida y sus juegos de manos.

Por eso hoy, en el Día de Canarias, me despierto agradecido. Agradecido por la acogida, por la generosidad y por la paciencia con la que esta tierra recibe a quien llega dispuesto a quedarse. Y agradecido también porque, después de casi diez años, sigo sintiendo que aún me queda mucho por aprender de ella. Quizá esa sea la mejor definición posible del amor: saber que nunca terminas de conocer del todo aquello que amas.

Así que feliz Día de Canarias. Y gracias de nuevo. Gracias por dejar sentirme, aunque sea un poco y siempre con su permiso, uno más.