La banca española afronta un golpe económico por un cambio de reglas en toda Europa. En una sentencia del 15 de octubre, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) establece que los bancos deben devolver de forma inmediata el dinero sustraído en operaciones no autorizadas, aunque consideren que el afectado actuó con negligencia grave.
El mecanismo se invierte respecto a la práctica habitual. Hasta ahora, las entidades solían negarse a reembolsar alegando que el cliente no había custodiado con la debida diligencia sus instrumentos de pago. Con el nuevo criterio, el banco debe devolver el dinero primero y, solo después, acudir a los tribunales si cree poder demostrar esa negligencia.
El plazo es corto. La devolución debe hacerse, a más tardar, al final del día hábil siguiente a aquel en que el banco detectó el movimiento o recibió el aviso del afectado. Solo cabe una excepción: que la entidad tenga motivos razonables para sospechar que fue el propio cliente quien cometió el fraude. Esto no significa que los bancos asuman todas las estafas de forma definitiva, ya que si sostienen que hubo fraude o negligencia grave, tendrán que acreditarlo y reclamar el dinero por la vía correspondiente.
La factura puede ser elevada. Fuentes del sector estiman que el impacto potencial para la banca española podría rozar los 1.000 millones de euros por reclamaciones acumuladas de hasta cinco años. Es una cifra aproximada, no un dato oficial. Los datos disponibles muestran que hasta ahora los clientes asumían alrededor del 80% de las pérdidas por fraudes mediante transferencias. Además, el fraude europeo creció un 17% en un año.
El caso que llegó a Luxemburgo era de pequeña cuantía: un fraude de 705 euros. Aun así, su resolución sienta un criterio común para toda la UE. La legislación española ya contemplaba reembolsos, pero las entidades podían alegar circunstancias como la negligencia grave del cliente o el retraso injustificado en avisar. Ante este escenario, los bancos han intensificado sus campañas de prevención dirigidas a los clientes.
Para los afectados, la recomendación es avisar al banco cuanto antes y conservar mensajes y justificantes, además de dejar constancia escrita de la reclamación.