Fuerteventura se ha convertido en referente mundial de la aeronáutica, además de pista de pruebas para el gran salto de la aviación española hacia un territorio todavía extraño: el que queda entre los drones convencionales y los satélites.
En este marco se desarrolla estos días una prueba de vuelo que se convierte en paradigma de este tipo de tecnología en el mundo. El APUS NEO 18, una aeronave no tripulada, alimentada por energía solar y desarrollada por Mira Aerospace, completa estos días el vuelo no tripulado de un pseudosatélite realizado en España. Estará más de 100 horas volando, llegando a alturas de más de 30 mil pies de altura (9.100 metros) sobre Fuerteventura y el océano.
Despegó desde el Canarias Stratoport for HAPS & UAS del Parque Tecnológico de Fuerteventura y regresará a las mismas instalaciones después de permanecer más de cuatro días seguidos en el aire.
¿Pero de que estamos hablando?
No es un satélite, no sale al espacio y tampoco orbita alrededor de la Tierra. Se trata de tecnología de vuelo no tripulada de gran altitud, conocida técnicamente como HAPS —High Altitude Platform System—, pensada y diseñada para permanecer días o semanas sobre una zona y realizar tareas de observación, comunicaciones o vigilancia ambiental.
La plataforma es operada por especialistas del Centro Avanzado de Tecnologías Aeroespaciales, CATEC, y la gestión de la operación correspondió a la unión temporal formada por Telespazio Ibérica y Pegasus Aero Group. También participan en la coordinación AESA, ENAIRE, la Dirección General de Aviación Civil, AENA, SAERCO y el Ejército del Aire y del Espacio. Todo esto coordinado desde el Parque Tecnológico de Fuerteventura.
Este tipo de vuelos tiene bastante autonomía, con lo complicado que puede llegar a ser, pero hacerlo dentro de un espacio aéreo utilizado por aviones comerciales exige, además, bastante coordinación técnica y aeronáutica.
Por poner contexto ¿Qué es un pesudosatélite?
Un avión convencional despega, realiza su ruta y aterriza; un satélite trabaja desde la órbita. Un HAPS pretende permanecer durante largos periodos a gran altura, cubriendo de manera persistente una determinada superficie sin necesidad de alcanzar el espacio.
En este punto está su principal virtud. Desde esas distancias puede observar extensiones muy amplias y, a diferencia de muchos satélites, permanecer concentrado sobre una región concreta.
Características del APUS NEO
Las especificaciones publicadas sobre el modelo sitúan su longitud alrededor de los 12 metros y su peso ligeramente por encima de los 45 kilos, cifras llamativas para unas alas comparables en anchura a las de aeronaves mucho más pesadas. Su diseño extremadamente ligero responde precisamente a la necesidad de mantenerse durante muchas horas utilizando energía solar.

Mira Aerospace, filial de la compañía tecnológica Space42, ha diseñado el modelo para operaciones de observación terrestre y conectividad. Las especificaciones del APUS NEO 18 contemplan una altitud operativa máxima de hasta 18.000 metros y capacidad para transportar sensores y otros equipos. Eso no significa que haya alcanzado esa cota en Fuerteventura: durante esta última misión ha llegado hasta los 9.100 metros
Hay que recordar que la estratosfera comienza aproximadamente entre los 10 y 15 kilómetros de altura, dependiendo de la latitud y de las condiciones atmosféricas, mientras que los satélites operan muchísimo más arriba. Un HAPS pertenece jurídica y físicamente al mundo de la aviación, aunque algunas de sus funciones se parezcan a las de una infraestructura espacial.
Puede mantener cámaras, sensores o sistemas de comunicaciones durante mucho tiempo mirando prácticamente el mismo territorio, algo especialmente útil cuando se necesita información continua y no fotografías tomadas únicamente cuando pasa un satélite.
Una tecnología que viene a ayudar contra los grandes incendios o la vigilancia ambiental
El vuelo forma parte del proyecto ISSEC, vinculado al Canarias Geo Innovation Program 2030. El objetivo no consiste únicamente en comprobar cuánto aguanta una aeronave en el aire. La tecnología se está ensayando para usos relacionados con la gestión de emergencias, los incendios forestales, la seguridad, la biodiversidad y la vigilancia medioambiental.
Una plataforma de este tipo podría, por ejemplo, seguir durante horas la evolución de un gran incendio y transmitir imágenes y datos prácticamente en tiempo real. Un satélite ofrece una perspectiva formidable, pero su órbita determina cuándo vuelve a pasar sobre el mismo lugar. Un avión convencional tiene otra limitación obvia: combustible, tripulación y tiempo de vuelo. El HAPS busca ocupar ese espacio entre ambos sistemas.

Mira Aerospace ha probado además cargas de observación con sensores ópticos e infrarrojos y transmisión de información en tiempo real. La compañía plantea el APUS NEO 18 tanto para observación de la Tierra como para servicios de conectividad, aunque esas aplicaciones dependen de la configuración de cada misión y de las autorizaciones correspondientes.
No se trata del primer vuelo, pero si del hito más largo. Ya en el año 25 una primera campaña demostró que un HAPS podía operar dentro del marco aeronáutico europeo y avanzar hacia vuelos estratosféricos. Un segundo vuelo, en septiembre de este año aportaba más de 24 horas continuadas de operación en España. El que tenemos ahora sobre nuestras cabezas avanza tanto en altura como en tiempo operativo de vuelo.
El programa había planteado una progresión gradual de duración y altitud, con ensayos encaminados hacia vuelos de cotas superiores.
AESA y ENAIRE han ido desarrollando procedimientos específicos para las denominadas operaciones HAO, las que se realizan en las capas superiores del espacio aéreo y obligan a coordinar vehículos muy distintos de la aviación convencional.
¿Por qué Fuerteventura?
El escenario tampoco ha sido elegido al azar. El Canarias Stratoport for HAPS & UAS es una infraestructura pública especializada en ensayos con aeronaves no tripuladas y plataformas de gran altitud. Fuerteventura ofrece espacio para realizar operaciones experimentales y, al mismo tiempo, permite estudiar uno de los problemas decisivos para el futuro de estos aparatos: cómo integrarlos con seguridad en un cielo donde siguen circulando vuelos comerciales.

Para que los pseudosatélites dejen de ser prototipos llamativos y pasen a prestar servicios reales, necesitan convivir con aeropuertos, rutas comerciales, controladores y normas aeronáuticas. El reto no consiste solamente en conseguir que vuelen muy alto y durante mucho tiempo. También tienen que hacerlo sin convertir el espacio aéreo en un rompecabezas.
Las más de 100 horas que se conseguirán en Fuerteventura demuestran una autonomía que hace unos años pertenecía casi exclusivamente al terreno de los proyectos experimentales. De esta forma la isla es ahora mismo la casa de la ingeniería aeroespacial, Fuerteventura es la punta de lanza de un futuro cada vez menos lejano.